domingo, 24 de julio de 2011

sábado, 25 de junio de 2011

BOLEROS
Me encantan los boleros. Cuentan historias de amor y desamor. Si una no tiene las palabras correctas para expresar su cariño o su dolor por un olvido amoroso, ahí está el bolero con la frase correcta para expresar a la mujer amada cuanto lo quiere, para decirle que está amargado por dejadez. Incluso, con un bolero puede canalizar su rabia por el amor que se le escapó. En mi generación, los hombres se sentaban en el bar de la esquina y en la vellonera ponían una y otra vez, hasta diez veces, el mismo bolero para expresar enamoramiento o su decepción. Expresarse con canciones era la clave.
“Vuélveme a querer como antes me querías. Vuélveme a besar como antes tú lo hacías, porque sin tu amor, anhelo de mis ansias, se marchitará mi corazón…” Y no había que maltratar a la mujer que lo había dejado, al contrario, podía ser que, sabiendo que ese hombre apenado se expresara de ese modo, ella volviera. Lo hacía también la mujer, aunque no en el bar de la esquina, pues en mi generación eso no estaba permitido, pero sí en la radio: “Te fuiste sin dejarme un beso, ni un adiós siquiera, pensando que alguien va a quererte como yo te quiero, tu infamia lloré, cuando tu amor me dejó…”Y así, unas y otros expresaban su dolor sin tener que decirse malas palabras, humillarse y menos aún acuchillarse.
Pero las cosas han cambiado para mal. Y no es que en ese tiempo los hombres no agredieran a las mujeres, que sí lo hacían y la norma femenina era guardar silencio, pero creo que el bolero ya olvidado era una ruta para canalizar la ira por desamor. Expresarse en palabras ayuda a sanar los dolores del alma. Si no me cree, pregúntenselo a un psicólogo. Cuando una cuenta lo que le pasa, naturalmente, a un amigo o amiga del alma, las cosas negativas van perdiendo fuerza. Por eso reflexionaba, con mi amigo José Ginebra, escuchando boleros, por supuesto, que si las nuevas generaciones de hombres agresivos escucharan boleros acompañados de una copa de vino o una cervecita bien fría, sin emborracharse, y hasta de un buen cafecito, la violencia contra la mujer sería menor. En medio de un divorcio la cosa se pone fea.
Imagínese usted, sentada en una terraza, a la luz de la luna, con un cielo bordado de estrellas y escuchando a Luchy Vicioso: “Cuando yo te olvide, que quizás sea pronto, porque nada impide que el amor se canse de tanto esperar…” Es un bolero para reflexionar y pensar en que las cosas pasan y hay que dejarlas pasar, y luego vendrá algo mejor. El amor y el desamor son hermanos gemelos y si se visten de canciones, será mejor vivir con ellos. “Ella quiso quedarse cuando vio mi tristeza, pero ya estaba escrito que aquella noche perdiera su amor…” La vida en pareja es difícil. Si ella lo bota, cántele “Cómo borrar esta amarga tristeza que deja tu adiós, cómo poder olvidarte si dentro estás tú. Cómo vivir así, en esta soledad, tan llena de ansiedad de ti…”
No la mate, no le tira Ácido del Diablo y, usted, mi doña, no se lo corte. Siéntese en una mecedora con una copa de vino, balancéese, respire hondo, escuche boleros, cante y verá que por ahí llega el amor o se va el desamor.
Ligia Minaya

miércoles, 23 de marzo de 2011

sábado, 12 de junio de 2010